El acero inoxidable es un material resistente a la corrosión; sin embargo, puede presentar oxidación. Conoce los tipos más frecuentes y cómo evitarla.
La corrosión y oxidación del acero inoxidable son fenómenos que merman la calidad y la estética de los productos, generando importantes pérdidas económicas tanto para los fabricantes como para quienes adquieren las piezas para utilizarlas en proyectos de construcción o de otro tipo. Peor aún: el daño de los materiales debido a estas condiciones puede provocar accidentes como derrumbes o transmisión de enfermedades.
Es por eso que, conocer las técnicas para prevenir estos fenómenos resulta en una mejor calidad en la oferta de productos de acero y en inversiones inteligentes desde la perspectiva del comprador.
Por sus características y confiabilidad, el acero es uno de los materiales más utilizados en campos como la ingeniería y la construcción. Sus aplicaciones son variadas; las rejas de acero son uno de los usos más comunes que se le suele dar. No obstante, al igual que muchos otros metales, es susceptible a fenómenos como la oxidación y la corrosión.
¿Por qué se oxida el acero inoxidable?
Aunque el acero inoxidable destaca por su resistencia a la corrosión, teniendo una ventaja importante respecto a otros metales y aleaciones comunes. Esta cualidad se debe a la presencia de cromo, que, al entrar en contacto con el oxígeno, forma una capa protectora invisible de óxido de cromo.
Diferencias entre oxidación y corrosión
Hay diferencias entre los fenómenos de oxidación y corrosión. En el primero, el metal comienza a cubrirse con una especie de cascarilla de tono café o rojizo. Este proceso no es realmente dañino para el acero, más allá de simplemente darle un mal aspecto.
En cambio, la corrosión es un proceso agresivo. Se trata de una porosidad que se va dando de manera progresiva por exposición al medio ambiente y hace que el acero vaya perdiendo sus características dimensionales y propiedades mecánicas.
El fenómeno de la corrosión está considerado como una preocupación industrial seria, ya que los productos de acero se van deteriorando a tal grado que pueden llegar a romperse. Si no se presta la debida atención, hay riesgo de que sucedan accidentes graves. Por ello, existen recomendaciones para dar a las piezas o materiales el cuidado y protección necesarios.
¿Qué factores causan la corrosión de los metales?
La corrosión sucede cuando esta capa se daña y el acero inoxidable ha estado expuesto a uno o más de los siguientes factores:
1. Limpiadores agresivos
El contacto con estos productos químicos puede dañar la capa protectora del acero.
2. Técnica de aseo inadecuada
Si no se eliminan por completo los residuos, o si la superficie no se enjuaga y seca adecuadamente después de la limpieza, esto creará un ambiente propicio para que el hierro reaccione con el oxígeno del aire, lo que resultará en la formación del óxido.
3. Selección errónea de los utensilios de limpieza
El uso de herramientas como cepillos de alambre o gratas de metal para limpiar el acero inoxidable puede dejar partículas de otros materiales incrustadas en su superficie. Al ser diferentes al acero inoxidable, estas partículas pueden reaccionar con la humedad del ambiente y provocar la formación de óxido.
4. Contacto con el cloruro
Este elemento, presente en la sal y otros compuestos, también puede atacar la capa protectora del material o superficie.
5. Alta humedad y ambientes salinos
Estas condiciones destacan entre los factores que favorecen la corrosión.
6. Abrasiones mecánicas
Aparecen sobre todo ante estímulos físicos que rompen la capa de óxido.
Tipos de corrosión del acero inoxidable
Como hemos visto, la corrosión es un problema frecuente en los aceros, tanto en el ámbito industrial como en la vida cotidiana. Este deterioro puede comprometer la resistencia y la vida útil de diversas estructuras y objetos, desde grandes construcciones metálicas hasta pequeños utensilios domésticos. Esta reacción tiene múltiples manifestaciones, entre ellas:
- Corrosión uniforme: es un desgaste uniforme de la superficie.
- Corrosión por picaduras: se da por la formación de pequeños agujeros o cavidades.
- Corrosión galvánica: es el deterioro causado por la fricción con otros metales.
- Corrosión por estrés: se genera cuando aparecen roturas provocadas por la combinación de tensión y un ambiente corrosivo.
Para evitar o minimizar el deterioro del acero en cualquiera de sus tipos se emplean diversas técnicas, siendo la más popular la aplicación de revestimientos protectores. Sin embargo, es crucial entender los factores que desencadenan la corrosión a fin de tomar las medidas adecuadas para alargar la vida útil de los materiales metálicos, lo que nos permitirá evitar daños y fallos costosos.
Recomendaciones para evitar la corrosión de metales
La primera es optar por el acero inoxidable sobre el convencional, ya que incorpora otros metales como el níquel y el cromo. No obstante, su costo lo hace poco práctico para uso cotidiano o masivo, salvo en piezas de ajuste como pernos y tuercas.
Hay alternativas más accesibles, como recubrir el acero normal con zinc. Este proceso, que se conoce como galvanizado, consiste en sumergir la pieza de acero en un baño de zinc fundido en un taller especializado.
Utilizar pinturas especiales suele ser el método más común de proteger grandes estructuras de acero, como los cercos o rejas. Las superficies a pintar deben limpiarse cuidadosamente con un cepillo de acero. Luego, se aplica una primera capa de imprimador basado en zinc, y posteriormente, dos capas de pintura epóxica.
Una recomendación más es proteger el acero con ánodos de zinc. A esto se le conoce como protección catódica, y resulta ideal para prolongar la vida útil de estructuras utilizadas en regiones costeras, sobre todo cuando están en contacto directo con el agua de mar.
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